Inmigrantes en un país en crisis

Posted on 13 octubre, 2008

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Laura Cerdeira

 

Negra, así está la situación económica del país, y negro es el color de su piel. Romeo tiene veintinueve años y lleva ocho en España trabajando en la construcción. Hoy está en paro. También se ha topado con la cada vez más abultada crisis de frente. Su solución: “comer poquito”. Raciona los alimentos con extremo cuidado. Su nevera, también en crisis, se abre dos veces al día… con suerte.

Melvís, una joven colombiana de 26 años y sin papeles ha tenido más suerte. Cuenta con un trabajo que le da para comer. “Comer” pronuncia Romeo entre risas. “Huyó” de su país, de Nigeria, en busca de una vida mejor, de trabajo, de algo que llevarse todos los días a la boca, de dinero para mandar a la familia que dejaba en su patria.

Actualmente Romeo forma parte de ese 12,4% registrado a finales de 2007, que representa la tasa de desempleo de los inmigrantes en España, tal como aparece reflejado en el Informe 2008. Inmigración y mercado de trabajo, realizado por la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigraciones. Este porcentaje sitúa la tasa de ocupación de los españoles 4,5 puntos por debajo, pero también es cierto que tienen una tasa de actividad superior a la de los españoles. Esto se debe a que proporcionalmente son más los inmigrantes que quieren trabajar que los trabajan.

 

 

 

Inmigrantes paseando                   L.C.

 

Quizás la mayoría del colectivo inmigrante note menos la crisis que muchos españoles, en especial, en lo que se refiere al paro, dado que los españoles, de momento, no aceptamos ciertos trabajos a cambio de ciertos sueldos. Quizás los inmigrantes si lo hacen o lo harán y quizás así alivien su crisis. ¿Nosotros tendremos que hacer lo mismo o nos negaremos a que nos caigan los anillos? Y es que no en vano, en el cuarto trimestre de 2007 la tasa de ocupación de los extranjeros era 13,6 puntos porcentuales superior a la de los españoles, según el informe citado antes. De momento, solo de momento esta situación continúa así. 

Hace ocho años, cuando Romeo pisaba suelo español, sus ojos brillaron más que nunca, su sueño empezaba a cumplirse, empezaba… Ocho años después no es capaz de reconocer que ese sueño se haya realizado por completo, pero aún así le agradece a nuestro país su ayuda, su acogida, ganada no sin esfuerzo. Comenta con la boca pequeña, apenas sin despegar los labios, que los primeros años en España fueron una “auténtica lucha contra la propia vida y contra la sociedad”. Más de una y dos veces se preguntó si había hecho lo correcto y más de una y dos veces se auto convenció de que había hecho lo mejor, por lo menos había escogido “el camino más recto de los pocos que tenía donde elegir”. Sacaba de debajo de las piedras el motivo más pequeño que le impulsara a seguir, aún sin papeles y en un país que rompe platos y mata moscas. 

Los papeles llegaron, el trabajo también y el hambre fue aliviada. Llegó a ganar al mes ciento ochenta mil de las históricas pesetas. Para él todo un logro. También hecha la vista atrás la propietaria de un bazar chino, cuyo nombre prefiere reservarse, que recuerda como, en tiempos no tan lejanos, los domingos la gente acudía a su tienda. Hoy “la gente no tiene dinero”. Ahora teme que tenga que echar el cierre. Otros ya lo echaron antes o simplemente nunca han tenido la oportunidad de hacerlo. Hasta 100 nacionalidades diferentes podemos encontrar conviviendo en Madrid. Rusos, ucraniano, asiáticos, africanos… todos se ven afectados por el paro, aunque numéricamente son más asiáticos y africanos los que abundan en la tasa de paro de los extranjeros.  No le falta razón a Román Orozco, periodista de El País, cuando escribe que los inmigrantes son los olvidados de la crisis“.

Romeo ya ha vivido esa experiencia. Quedarse sin trabajo. Hoy está en paro. La crisis ha llegado a su hogar. Pero aún así aprecia lo que tiene. Dibuja una sonrisa en su cara solo con mirar a su alrededor y da gracias a su Dios por estar aquí, en paro y en un país en crisis. Con sus dificultades y su hambre todavía cree en el país. 

La crisis ha llegado a su hogar. Hoy está en paro. Se marcha sonriendo.

  

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